Sus precedentes más antiguos se remontan a Egipto y
la Antigua mesopotamia, donde reyes y nobles hechaban
monedas de oro a los estanques con la pretención de
que si una rana o sapo se la tragaba podían pedir
un deseo y éste se cumpliría.
En la antigua Roma se tiraban monedas o unas anforas a
fin de que el que perdia pagase las viandas.
Hoy en día el juego es basicamente el mismo a diferencia
de que no se tira objeto alguno a ninguna rana viva, ni a
ninguna anfora, si no, que se tiran unas fichas o
pellos a una rana metalica.
Esta rana está úbicada en una mesa con tres laterales
elevados a fin de retener las fichas que no entran por la
boca de esta.
En España también se puede habilitar esta mesa
con dos puentes, un molinete y cinco agujeros libres,
en total nueve agujeros, de puntuación.